domingo, 17 de septiembre de 2017

MISA Septiembre 17, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES




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MISA  Septiembre 17,   SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES
Lecturas del Domingo 24º del Tiempo Ordinario - Ciclo A
Domingo, 17 de septiembre de 2017
«‘Págame lo que me debes’».
MR p. 436 (434)/ Lecc. II, p. 58
Otros santos: Pedro de Arbués, mártir; Alberto de Jerusalén, obispo.
NO TE ENOJES CON TU PRÓJIMO

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Si 36, 18
Concede, Señor, la paz a los que esperan en ti, y cumple así las palabras de tus profetas; escucha las plegarias de tu siervo, y de tu pueblo Israel.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros tus ojos y concede que te sirvamos de todo corazón, para que experimentemos los efectos de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Eclesiástico (27,33–28,9):

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error. Palabra de Dios

Salmo
Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12
R/. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-9):

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. Palabra de Dios

Evangelio según san Mateo (18,21-35), del domingo, 17 de septiembre de 2017

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.» Palabra del Señor

REFLEXION Evangelio según san Mateo (18,21-35),

El número “setenta” por “siete” es simbólico, y significa, más que una cantidad determinada, una cantidad incalculable, infinita. En la práctica quiere decir que debemos perdonar ¡siempre! Nuestro perdón no ha de tener límites. Jesús está siempre dispuesto a perdonarnos y también nosotros, hemos de perdonarnos mutuamente, sin cansarnos.
Siempre es necesario el perdón y la reconciliación en medio de las familias, los matrimonios, en la sociedad entera. Por eso, no hemos de olvidar que el sacramento del perdón es un gran don de Dios.
En el sacramento de la penitencia Dios nos concede su perdón de modo personal. Cuando acudimos a este sacramento, nos encontramos con el Señor, nuestro Salvador, le presentamos nuestros pecados, los confesamos, manifestamos nuestro arrepentimiento y le pedimos perdón. Entonces el sacerdote, como ministro de Cristo nos dice: “Tus pecados son perdonados”… Esta gracia es también una invitación a ofrecer a los demás setenta veces siete el mismo perdón.
Por otra parte, Cristo nos da siempre ejemplo de esto. Nos enseñó a orar en el Padre Nuestro, pidiendo el perdón; en su vida pública sus milagros fueron expresión de su perdón; por último Él confirmó esta enseñanza, cuando colgado del madero suplicó al Padre que nos perdonara. Aprendamos de Cristo, perdonemos a todo el que nos haya ofendido del modo que sea, y pidamos perdón a quien hayamos lastimado.

Peticiones
Dios amó tanto al mundo que nos dio a su único Hijo para salvarnos y darnos su vida a través de su muerte y resurrección. Pidamos a Jesús por todos los que sufren diciendo: Señor, sálvanos por tu cruz.

Por todos los que han perdido su rumbo en la vida, que descubran el camino de Cristo. Oremos.
Por todos los que han perdido sus ideales, para que vean y acepten la novedad constante de la vida y se renueven a si mismos. Oremos.

Por los que se encuentra perdidos en sus luchas personales contra las fuerzas del mal, para que confíen en Cristo, cuya gracia es siempre más fuerte que la muerte y el pecado. Oremos.

Por todos los que están solos, abandonados para que acepten la compañía de Cristo y a través de Él de los otros. Oremos.

Por todos nosotros, para que aprendamos de nuestro Señor a cargar con nuestras cruces con paciencia y humildad, que de alguna manera nos traigan vida y a cualquiera que se sienta cansado o desanimado. Oremos.

Por esta comunidad, para que Jesús nuestro Salvador nos haga servidores de las personas y sus necesidades. Oremos.

Señor Jesucristo, tu cruz es un misterio para nosotros, así como todo sufrimiento. Confiamos por tu Palabra y ejemplo en que tu cruz es una camino hacia el gozo y la libertad. Transforma nuestras cruces en felicidad y vida, ahora y por siempre. Amen.

Oración sobre las ofrendas
Señor, con este pan y este vino celebramos la muerte salvadora de tu Hijo.
En los momentos en que sufrimos y cuando vemos imposible seguir danos tu la fuerza,  que no murmuremos ni contestemos sino que aceptemos que este es tu camino hacia la gloria, incluso cuando no lo entendemos en absoluto. Te pedimos coraje  por tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor. Amen.

Introducción a la plegaria eucarística
Recuerda que en esta eucaristía y en cada una celebramos el sacrificio de la cruz por el cual Jesús nos trajo el perdón y la vida. Demos gracias al Padre por ello y ofrezcámonos a nosotros mismos con Jesús a nuestro Dios, para que podamos vencer al mal en Él.

Introducción al Padrenuestro:
Agradecidos por tu amor Salvador, pedimos a nuestro Padre del cielo con las palabras de Jesús, nuestro salvador. Líbranos Señor

Líbranos Señor de todo mal y perdona nuestros pecados que son causa de la muerte de Hijo en la cruz.
Ayúdanos a unir nuestras cruces a la suya, danos coraje y paciencia en la vida, así como gozosamente esperamos  la venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Invitación a la comunión.
Este es el cordero de Dios que murió en la cruz para sepultar nuestros pecados.
Dichosos los invitados a comer este pan de vida.

Oración después de la comunión.
Dios, nuestro Padre y Señor, sabemos que nos has hecho para la alegría y la felicidad, aunque la humillación y la muerte fuera el precio que tu Hijo tuvo que pagar. Que nunca nos avergoncemos de la cruz, o proclamemos un cristianismo sin sufrimiento, que confiemos en tu llamada a ser testigos tuyos en el camino al que nos llamas por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hemos sido marcados con el signo de la cruz como pueblo salvado para server al Señor. Recordando la cruz tenemos que aprender de perdonar y a sobrellevar las cargar de otros y aceptar la realidad de la vida como pueblo que espera y confía en la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amen. Podeis ir en Paz…



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