miércoles, 23 de abril de 2014

Encontrarse con Cristo Resucitado desde el corazón de María

Encontrarse con Cristo Resucitado desde el corazón de María



¿Qué sentía María en esos momentos? ¿qué pensaba? ¿qué recuerdos le venían a la memoria? ¿qué le decía a Jesús? ¿cuál era su experiencia interior?

Los seres humanos tenemos capacidad de sintonizar con los sentimientos de otra persona, penetrarlos y hasta cierto punto apropiarlos. Podemos ponernos en el lugar del otro, comprender sus emociones y sentimientos y sentir juntamente con él.

Es posible conectar con el otro y participar de su experiencia interior. Esto abre un mundo maravilloso en la vida de oración. Con la ayuda de la gracia, es un modo de hacer oración contemplativa.

Ciertamente la empatía tiene sus límites, pues la experiencia personal será siempre personal; las vivencias de cada uno serán siempre propias y únicas.

¿En qué consiste esta "oración por empatía"?

Por ejemplo, en este tiempo litúrgico, consiste en centrar nuestra atención en la Virgen María y tratar de sintonizar con los sentimientos de María durante la pasión, muerte y resurrección de Jesús. He empleado esta modalidad de oración durante el triduo pascual y lo sigo aplicando ahora en la pascua. Me está ayudando mucho.

Tratar de meterse al corazón de la Madre de Jesús y Madre nuestra mientras en silencio y soledad acompaña a su Hijo en cada momento de su pasión y en su resurrección. Algunas preguntas que ayudan: 

¿qué sentía María en esos momentos? 
¿qué pensaba? 
¿qué recuerdos le venían a la memoria? 
¿qué le decía a Jesús? 
¿qué escuchaba? 
 ¿cuáles eran sus actitudes? 
¿cuál era su experiencia interior?

Detenerse en cada paso, sin prisa. Un día se puede tomar una escena, otro día otra. O permanecer durante varios días en la que más ayude a cada uno. Este modo de orar supone un fuerte cultivo de la capacidad de escucha.

Se trata de contemplar y sentir profundo

No hacen falta muchos pensamientos, se trata de contemplar y sentir profundo, identificándose con la oración de María: durante la última cena, durante la oración en el huerto, cuando fue apresado, cuando estaba en la cárcel, cuando fue condenado a muerte, cuando subía el Calvario con la cruz a cuestas, cuando fue crucificado, durante su agonía, cuando expiró, cuando resucitó, cuando encontró a María en el huerto, cuando se apareció a los suyos...

Gozar con Cristo Resucitado desde el corazón de María

Desde el Sábado Santo me ha ayudado mucho gozar con Cristo Resucitado desde el corazón de su Madre.

En la resurrección de Jesús confluyen:
El amor del Padre que lleno de conmoción vio morir a su Hijo diciendo: 
"Todo está cumplido" 
(Jn 19,30), 
"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" 
(Lc 23,45). 
Con la Resurrección, el Padre respondió a la súplica de Jesús en el huerto: 
 ¡Abbá, Padre!; 
todo es posible para ti; aparta de mi este cáliz 
(Mc 14,36).
El poder del Espíritu de amor que hace nuevas todas las cosas 
(Ap 21,5)
La pasión de amor de Cristo por el hombre que quiere permanecer siempre a su lado: "Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los tiempos." 
(Mt 28,20)

Y María participa en la Resurrección de Cristo con su dolor y su esperanza

¡Qué fácil es gozar con Cristo Resucitado desde el corazón de su Madre mientras le contempla vivo y glorioso!

Oración

Madre:
Mientras el sábado santo se libraba el combate entre la Luz y las tinieblas,
el Espíritu Consolador invadía tu corazón, aliviando tu dolor,
el Padre terminaba su obra maestra: Cristo Resucitado,
y tú en silenciosa espera...

¡Cuánto aprendo de tu silencio sonoro!
Gracias, Madre, por permitirme entrar en el jardín de tu alma y acompañarte en tu dolor.
No me cabe la menor duda de que fuiste tú la primera a quien buscó Jesús resucitado.

¿Qué pasó en tu corazón cuando al tercer día brilló el Sol Naciente con toda su gloria?
¿Cómo celebraron juntos aquél momento? Me imagino lo que sentiste.

Déjame ver con tu mirada el rostro de tu Hijo Resucitado,
alegrarme y regocijarme en Él como tú lo hiciste.

A ti te constituyó en Madre de la Iglesia,
que a mí me conceda resucitar con Él;
que me haga un hombre nuevo,
que piense en las cosas de arriba,
y las busque por encima de todo
Amen

Autor: P Evaristo Sada LC     

Abra por favor la siguiente pagina WEB




Su petición será publicada en nuestras páginas WEBS

P.D. No olvide que hay hermanos que también
necesitan oraciones, cuando sea menester
con sus oraciones.

wpauta@yahoo.es,

wpauta@gmail.com

Quédate con nosotros, Señor

Quédate con nosotros, Señor

 

Quédate con nosotros, Señor, esta noche.

Quédate para adorar, alabar y dar gracias al Padre por nosotros, mientras dormimos;
que baje del cielo tu Misericordia sobre el mundo.

Alivia desde los Sagrarios de la tierra la prolongada noche de sufrimiento y pena de las benditas almas del Purgatorio.

Quédate con nosotros, Señor, para alejar la justa ira de Dios de nuestras ciudades que atraen la justicia del cielo con sus densísimas nubes de vicios y males.

Quédate con nosotros, Señor, para guardar a los inocentes, para sostener a los tentados, para levantar a los caídos, para subyugar el poder del demonio, para impedir el pecado.

Quédate con nosotros, Señor, para consolar a los que sufren, para bendecir a los que yacen en el lecho del dolor, para dar contrición a los que mueren, para recibir en los brazos de tu misericordia a las miles de almas que se presentarán ante Ti esta noche para ser juzgadas.

¡Oh, Buen Pastor!, quédate con tus ovejas, defiéndelas de los peligros que las rodean y las amenazan.
Pero, sobre todo, quédate con los que sufren y con los agonizantes. Danos una noche tranquila y una muerte serena.

Oh, Dios, sé nuestro Padre misericordioso hasta los últimos instantes de nuestra vida, para que sin temor podamos presentarnos delante de Ti, para ser juzgados.
 Así sea.

Abra por favor la siguiente pagina WEB




Su petición será publicada en nuestras páginas WEBS

P.D. No olvide que hay hermanos que también
necesitan oraciones, cuando sea menester
con sus oraciones.

wpauta@yahoo.es,

wpauta@gmail.com

JESÚS YO CONFÍO EN TI

¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida? Déjame al cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor. Cuando te entregues a mí, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios.
No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos del alma y dime con calma: "JESÚS YO CONFIO EN TI".
Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después. No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser DIOS y actuar con libertad. Entrégate confiadamente a mí. Reposa en mí y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente "JESÚS YO CONFIO EN TI".
Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices "JESÚS YO CONFIO EN TI", no seas como el paciente que le dice al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo.
Déjate llevar con mis brazos divinos, no tengas miedo, yo te amo. Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando, cierra los ojos del alma y confía. Continúa diciéndome a toda hora "JESÚS YO CONFIO EN TI".
Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. Satanás quiere eso. Agitarte, angustiarte y quitarte la paz. Confía sólo en mí. Reposa en mí. Entrégate a mí. Yo hago los milagros en la proporción de la entrega y confianza que tienes en mí.
Así que no te preocupes, echa en mí todas tus angustias y duerme tranquilo. Dime siempre
"JESÚS YO CONFIO EN TI".
Y verás grandes milagros.

TE LO PROMETO POR MI AMOR.


Abra por favor la siguiente pagina WEB




Su petición será publicada en nuestras páginas WEBS

P.D. No olvide que hay hermanos que también
necesitan oraciones, cuando sea menester
con sus oraciones.

wpauta@yahoo.es,

wpauta@gmail.com




martes, 22 de abril de 2014

MEDITACION, Abril 23

MEDITACION
No.19 Eres el resultado de Ti  mismo
Abril 23

Nunca culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie porque tú,  fundamentalmente, has hecho tu vida.

Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.

Nunca te quejes de tu ambiente o de los que te rodean.

Hay quienes en tu ambiente supieron vencer.

Las circunstancias son buenas o malas según tu voluntad y la fortaleza de tu corazón.

Aprende a convertir toda situación difícil en un arma para triunfar.

No te quejes por tu pobreza o por tu salud o por tu suerte; enfréntalas con valor y acepta que de una manera u otra, son el resultado de los actos y la prueba que has de ganar.

No te quejes por falta de dinero, porque abunda en muchísimas partes a través del trabajo.

No te amargues con tus fracasos ni se los cargues a otros.

Acéptalos, ahora o siempre seguirás justificándote como un niño.

Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para "claudicar".

Empieza ahora mismo.

Deja ya de engañarte. Eres la causa de ti mismo, de tu tristeza, de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso o de tus éxitos, alegrías y paz.

Sí, tú has sido el ignorante, el vicioso, el irascible, el desobediente, el irresponsable, el torpe.

Tú únicamente tú, nadie pudo haberlo sido por ti.

La causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro será tu presente.

Aprende de los fuertes, de los activos, de los audaces, imita a los valientes, a los enérgicos, a los vencedores, a quienes vencieron a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas sin alimento morirán.

Aprende a nacer nuevamente desde el dolor, y a ser más grande que el más grande de los obstáculos.

Dentro de ti hay un hombre que todo puede hacerlo.

Mírate en el espejo de ti mismo, comienza a ser sincero contigo mismo.

Reconócete a ti mismo, serás libre y fuerte y dejarás de ser títere de las circunstancias.

Porque tú mismo eres tu destino, y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino.

Levántate, mira la mañana llena de luz del amanecer, tú eres parte de la fuerza de la vida; despiértate, camina, lucha, decídete y triunfarás en la vida.

Abra por favor la siguiente pagina WEB




Su petición será publicada en nuestras páginas WEBS

P.D. No olvide que hay hermanos que también
necesitan oraciones, cuando sea menester
con sus oraciones.

wpauta@yahoo.es,

wpauta@gmail.com


MISA, Abril 23, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES

MISA DE HOY

¡Ven, Espíritu Santo y enciende en mí el fuego de tu amor para poder reconocerte, Señor y Dios mío! Ayúdame hoy a saber dialogar contigo en esta meditación para crecer en mi fe, esperanza y amor a Ti y a los demás.
MISA, Abril 23, SANTORAL, PETICIONES Y REFLEXIONES
Recurran al Señor y a su poder
Miércoles Abril   23

Antífona de Entrada Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración Colecta
Oremos: Dios nuestro, que en la liturgia pascual nos concedes cada año la alegría de revivir la resurrección del Señor, haz que el júbilo de estos días alcance su plenitud en la Pascua del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo... Amén.

Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (3, 1-10)
En aquel tiempo, Pedro y Juan subieron al templo para la oración vespertina, a eso de las tres de la tarde. Había allí un hombre lisiado de nacimiento, a quien diariamente llevaban y ponían ante la puerta llamada la “Hermosa”, para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.  Aquel hombre, al ver a Pedro y a Juan cuando iban a entrar, les pidió limosna. Pedro y Juan fijaron en él los ojos, y Pedro le dijo: “Míranos”. El hombre se quedó mirándolos en espera de que le dieran algo. Entonces Pedro le dijo: “No tengo ni oro ni plata, pero te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina”. Y, tomándolo de la mano, lo incorporó. Al instante sus pies y sus tobillos adquirieron firmeza. De un salto se puso de pie, empezó a andar y entró con ellos al templo caminando, saltando y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, y al darse cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado  junto a la puerta “Hermosa” del templo, quedaron llenos de miedo y no salían de su asombro por lo que había sucedido. Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial
Salmo 104
R/. Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.

Aclamen al Señor  y denle gracias,  relaten sus prodigios  a los pueblos. Entonen en su honor  himnos y cantos, celebren sus portentos.
R/. Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.

Del nombre del Señor enorgullézcanse  y siéntase feliz el que lo busca. Recurran al Señor y a su poder  y a su presencia acudan.
R/. Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.

Descendientes de Abraham,  su servidor, estirpe de Jacob,  su predilecto, escuchen: el Señor es nuestro Dios  y gobiernan la tierra sus decretos.
R/. Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.

Ni aunque transcurran  mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abraham, del juramento  a Isaac, que un día le hiciera.
R/. Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.

Secuencia
(Opcional, pág. 174)

Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Este es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo.
Aleluya.
Evangelio

† Lectura del santo Evangelio Lucas capitulo 24, versículos 13 al 35
Gloria a ti, Señor.
El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. El les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?” Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” El les preguntó: “¿Qué cosa?” Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”. Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él. Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!” Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración preparatoria
Señor, tu amor es la realidad más maravillosa de mi existencia humana. Permite que este momento de oración me haga crecer en el amor para poder servirte y vivir con plenitud mi vocación cristiana.

Petición 
Jesús, ayúdame a conocerte, para crecer en mi fe y que seas Tú lo más importante en mi vida.

† REFFLEXION del santo Evangelio Lucas capitulo 24, versículos 13 al 35

La muerte de Jesús dejo a los discípulos abatidos y estos se dispersaron. En el “nosotros esperábamos”, se vislumbra que esos hombres han perdido la esperanza. Pero más adelante leemos en la Escritura que estas mismas personas se convirtieron en testigos valientes de Cristo y fueron capaces de llegar hasta el martirio. ¿Qué fue lo que les hizo cambiar de forma tan radical? El encuentro personal con Jesucristo resucitado. La fe no es una teoría, la fe es vida y la clave para lograr la experiencia del amor de Cristo esta en el sacramento de la Eucaristía. Todo esfuerzo por alcanzar la santidad, todo proyecto apostólico ha de sacar de ahí su fuerza. Si nos olvidáramos de la Eucaristía, ¿como podríamos decirnos cristianos? Sin vida eucarística no hay cristianismo. Si nos encontramos con Jesús Sacramentado, si leemos la Escritura, si hablamos con El en la oración, si en nuestras decisiones tomamos en cuenta el evangelio, entonces experimentaremos la amistad de Cristo. De esta relación viva con El nacerá la capacidad de comunicar la fe a los demás de manera autentica.

Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, este sacrificio con el que has redimido a todos los hombres, y concédenos, por medio de él, la salvación del cuerpo y del espíritu.
Por Jesucristo, nuestro Señor.  Amén.

Prefacio de Pascua I
El misterio pascual
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este día, en que Cristo, nuestra pascua, fue inmolado. Porque Él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida. Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

Antífona de la Comunión Al atardecer del día de la resurrección, los discípulos reconocieron al Señor cuando partió el pan. Aleluya.

Oración después de la Comunión
Oremos: Te rogamos, Señor, que, purificados ya de nuestras pasadas culpas, la participación en este sacramento de tu Hijo nos transforme en hombres nuevos.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY

† REFLEXION del santo Evangelio Lucas capitulo 24, versículos 13 al 35

San Lucas, en este pasaje, sintetiza lo que ya desde el principio de su evangelio ha venido diciendo: Dios se ha acercado a nosotros, nos ha salido al camino haciendose uno de nosotros. Los judíos no lo reconocieron, ni tampoco ahora lo reconocieron los mismos discípulos.

Dejando el cielo se puso a caminar con el hombre, para instruirlo en el camino de la vida, pero, como dirá San Juan: "los suyos no lo reconocieron, pero a los que lo reconocieron les dio el poder llegar a ser hijos de Dios".

Jesús continua saliéndonos al encuentro de las formas más inusitadas: en un amigo, en los acontecimientos de todos los días, y ni que decir en la Palabra de Dios, la oración y los sacramentos. Jesús ha tomado una opción por el hombre, y su deseo es acompañarnos hasta que lleguemos todos al cielo.

Si nuestros ojos están oscurecidos, pude ser porque, como los discípulos de Emús, no creemos aun que esté vivo y que tiene verdaderamente poder para cambiar nuestra vida. Pidamos todos los días al Espíritu Santo que abra nuestros ojos y que inflame nuestro corazón para descubrir como Jesús nos acompaña en nuestra diaria jornada.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro

Abra por favor la siguiente pagina WEB




Su petición será publicada en nuestras páginas WEBS

P.D. No olvide que hay hermanos que también
necesitan oraciones, cuando sea menester
con sus oraciones.

wpauta@yahoo.es,


wpauta@gmail.com

Cristo ha hecho florecer nuestra vida

Cristo ha hecho florecer nuestra vida



Jesús dijo su última palabra descorriendo la piedra del sepulcro, Jesús abrió el camino de la vida, nos enseñó que aquí sólo estamos de paso

La resurrección de Jesús nos abre el camino de la vida y nos muestra que la muerte no es el punto final. Porque el final de nuestra vida es la resurrección y es lo que le da sentido a nuestra existencia.

Me impresionan los cementerios civiles sin cruces, sin alusiones a la vida. Sólo lápidas encerradas sobre la tierra. Piedras frías que no permiten aspirar al cielo. Me impresionan tantas personas que no pueden respirar ante la oscura muerte de sus seres queridos. Porque no abren ni un resquicio a la esperanza, a la vida.

Jesús muere a manos de los hombres. Jesús experimenta el dolor, el sufrimiento, el abandono, la soledad. Jesús sufre como todos nosotros. Jesús acaba muriendo lleno de heridas. Aquel que sólo hizo el bien en su vida murió como un delincuente. Muchas veces la justicia humana no es la de Dios. Hoy escuchamos: «Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Pasó haciendo el bien, pero su amor no despertó sino el deseo de darle muerte. Jesús no entraba en los moldes de los que veían sus obras. Escapaba a todos los esquemas. ¿Qué hacer con sus palabras tan molestas? Mejor eliminar sus pasos por esta tierra, mejor matarlo: «Lo mataron colgándolo de un madero».

Su muerte sería así su última palabra. Su vida podía separar, dividir, confundir. Podía poner en peligro el poder establecido. Era mejor callado para siempre que diciendo palabras que revolucionaran la tierra. Pero no fue la muerte la que tuvo la última palabra: «Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado» Hechos 10, 34a. 37-43.

Jesús dijo su última palabra descorriendo la piedra del sepulcro. Jesús abrió el camino de la vida. Nos enseñó que aquí sólo estamos de paso. Nos abrió a la misericordia de un Dios bueno que nos abraza. Que nos quiere en nuestra pobreza y nos busca para que vivamos una vida plena. La vida fue su última palabra.

Los discípulos corrieron, vieron y creyeron: «Asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos» Juan 20, 1-9.

Los discípulos habían visto vivo a Jesús. Habían visto su amor, su angustia, su poder y su impotencia. Habían visto su abandono, su condena y su muerte. Lo habían visto entregar su vida, expirar el último aliento de vida. 

Ahora corren hasta el sepulcro pensando encontrar un cadáver. Pero no lo vieron. Sólo vieron el sudario, la tumba abierta, el sepulcro vacío. No vieron y creyeron. No vieron su cuerpo, ese mismo cuerpo que los fariseos temían que podía ser robado: «Los jefes de los sacerdotes y los fariseos fueron juntos a ver a Pilatos y le dijeron: – Señor, recordamos que aquel embustero, cuando vivía, dijo que al cabo de tres días iba a resucitar. Por eso, manda asegurar el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan de noche sus discípulos, roben el cuerpo y después digan a la gente que ha resucitado. En este caso, la última mentira sería peor que la primera».

Los judíos temían el engaño. Temían el robo. Tal vez también lo temían los propios discípulos, sus amigos. Iniciaron un camino, recorrieron un largo trecho. Comenzaron en la noche y llegaron a la luz.

La Vigilia Pascual nos hace recorrer ese mismo camino desde la oscuridad hasta la luz.Comenzamos de noche, perdidos, desorientados. Buscamos algo de luz. Decía San Juan de la Cruz: «De noche iremos, que para encontrar la fuente sólo la sed nos alumbra. ¡Qué bien sé yo la fuente que mana y corre aunque es de noche! Su claridad nunca es oscurecida y sé que toda la luz de ella es venida. Esta eterna fuente está escondida en este Vivo Pan por darnos vida. Esta viva fuente que deseo en este Pan de Vida yo la veo, aunque es de noche». Vamos de noche en la oscuridad del corazón que ha perdido temporalmente el sentido de la vida. Vamos corriendo desde la noche a la vida.

¡Cuántas personas viven sin luz! Comenzamos en tiniebla. Siempre hay pequeñas velas encendidas que nos muestran el camino. Luces apenas insuficientes para iluminar todo el camino, pero bastantes como para alumbrar unos pocos pasos. Los próximos.

Vamos corriendo como los discípulos: «El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: - Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro».

Ellos corrieron con miedo, con certezas y preguntas, en medio de la noche. Son las carreras al sepulcro que marcan el domingo de resurrección. Buscan en la oscuridad, como nosotros tantas veces. Buscamos y anhelamos la luz que nos alumbre, el fuego que nos encienda el alma.

Siempre pienso que María sería la primera persona a la que Jesús se aparecería resucitado. Ni María Magdalena, ni Juan, ni Pedro. Pienso en su madre. Ella, que estuvo acompañando sus pasos en el via crucis, estaría en la primera estación del via lucis, el camino de la luz, de la resurrección.

Todo el camino a la cruz era un camino de amor que llevaba a la vida, a la eternidad, al corazón del Padre.

Aquellos que habían sido testigos de su vida, de su muerte y de su resurrección no podían callarse.  «Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios» Colosenses 3, 1-4.

Los discípulos corren hoy al sepulcro, sedientos, anhelando la vida. Los discípulos han soñado con otro final distinto a la muerte. Llegan al sepulcro, buscando la fuente, porque tienen sed.

La ausencia del cadáver es la señal esperada. Cristo vive. Tiene la fuente que nos da el agua que necesitamos. La Vigilia pascual es el paso de la muerte a la vida, de la sed a la fuente. Bendecimos el agua que nos colma.

Porque todos, como la mujer samaritana, tenemos sed. Sed de una vida eterna. Cristo resucita. Rompe la roca que cierra la vida y surge el agua. Aparta esos sudarios sin esperanza. Hace brotar la vida de la muerte. De aquel sepulcro seco y muerto brota el agua de una vida nueva.

Jesús nos salva. Nos levanta. Tenemos sed y somos saciados. Recibiendo el agua de su costado abierto, recuperamos la vida. Un surtidor de agua brota en nuestro interior hasta la vida eterna. Es lo que anhelamos, una vida nueva.

Que esta agua haga brotar vida de nuestro corazón que es un desierto. El agua del bautismo, el agua que nos convierta, el agua que nos limpie y purifique. Somos fuente, somos mar, somos río. Lo somos porque Cristo ha cambiado nuestro corazón y lo ha hecho navegable, lo ha transformado en fuente de vida nueva, de agua viva. Ha acabado con la sequedad. Ha hecho florecer nuestra vida. 

Padre Carlos Padilla